marzo 3, 2008

A 31 Años del Golpe del ’76

A 31 Años del Golpe del ’76

Hoy 24 de marzo, se cumple un nuevo aniversario del golpe de Estado que interrumpió el gobierno constitucional peronista en 1976, cuando apenas faltaban nueve meses para las elecciones. Ese infausto episodio de nuestra historia reciente marca el inicio de lo que hoy se perfila como el ocaso y caída definitiva de la Nación Argentina. Comprender sus orígenes, objetivos y consecuencias resulta de vital importancia para nuestro Pueblo, por lo que el MSRA – Movimiento por la Segunda República Argentina – señala ciertos factores clave a tener en cuenta, si se han de superar las trágicas consecuencias políticas, sociales y económicas de aquél crimen institucional:
Fue un Golpe Cívico-Militar – El atropello de marzo del ’76 no fue un simple «golpe militar» como suele creerse, sino más bien un golpe cívico-militar, por cuanto contó con el importante apoyo de innumerables civiles influyentes y poderosos, dentro y fuera del país. No solo de funcionarios civiles que integrarían aquél gobierno, sino también de un ejército de periodistas, comentaristas y académicos; de buena parte de los sectores empresarios y bancarios; y también de amplios sectores de la población entonces aturdida y exacerbada por la constante violencia homicida perpetrada por los grupos terroristas Montoneros, FAR, ERP y otros. Por sobre todo, el régimen cívico-militar contó con el aval diplomático de las grandes potencias, notablemente de Estados Unidos – siempre enemiga del justicialismo en particular, y de la Argentina en general – entonces gobernada por el partido republicano del presidente Gerald Ford, del vicepresidente Nelson Rockefeller y del secretario de Estado Sir Henry Kissinger. Ciega a las verdaderas implicancias de esta realidad, desde hace décadas la izquierda doctrinaria local y extranjera aprovecha para satanizar a nuestras instituciones armadas sin entender que una Argentina sin fuerzas armadas articuladas, poderosas y creíbles, no tiene futuro. Llamemos, entonces, a las cosas por su nombre: lo del 24 de marzo de 1976 fue un golpe cívico-militar, funcional a los intereses geopolíticos de Estados Unidos y sus aliados, y a las finanzas internacionales, que entonces se apoderaron de los resortes clave de la economía nacional iniciando la destrucción de nuestro país. Esto lo lograron copando el Ministerio de Economía que fue confiado exclusivamente a civiles alineados con los intereses de las estructuras de Poder del Nuevo Orden Mundial: José Martínez de Hoz, Christian Zimmermann, Adolfo Diz, Guillermo Walter Klein, Alejandro Reynal, Domingo Felipe Cavallo, José Luis Machinea, Jorge Wehbe, Francisco Soldati, Enrique Folcini, José M. Dagnino Pastore, Manuel Solanet, Carlos Helbling, Roberto Alemann, Juan Alemann, Lorenzo Sigaut, y un nutrido elenco de economistas, empresarios, banqueros y operadores que endeudaron ilegal e ilegítimamente al Estado con la banca privada usurera internacional, contando con el apoyo mediático local e internacional. De esta manera, lograron encadenar a la Argentina dentro del Sistema de Deuda del que no ha logrado liberarse desde entonces.
No hubo 30.000 Desaparecidos – Los atropellos cometidos por el Régimen cívico-militar entre marzo 1976 y diciembre 1983 en la legítima lucha contra la guerrilla, tuvieron claros excesos. Sin embargo, no debe perderse de vista que: (a) la guerrilla atacaba permanente al país y a las fuerzas armadas en su pretensión de imponernos su «revolución» a través del terror; o sea hubo una guerra en nuestro país; (b) los militares no sólo abordaron la lucha en el plano militar sin comprender que, por sobre todo, aquello fue – y sigue siendo – una insidiosa guerra psicológica contra nuestro país. Sus nefastas consecuencias hacen que, a casi treinta años de su derrota en el plano militar, aquellos mismos guerrilleros hayan regresado al país con más fuerza que nunca, copando amplios sectores de los medios de difusión y los claustros y ocupando puestos clave en el Gobierno Kirchner. (c) toda guerra conlleva el derramamiento de sangre, a menudo sangre inocente, lo que no debe justificar ninguno de los excesos cometidos por determinados miembros de las fuerzas armadas; sin embargo, el juzgamiento de individuos no debió ni debe llevarse a la defenestración de las instituciones militares de la Nación. Un caballito de batalla en esta insidiosa guerra psicológica sigue siendo la flagrante mentira de los «30.000 desaparecidos». Mentira, decimos, ya que el propio informe de la CONADEP – Comisión Nacional sobre la Desaparición de las Personas – habla de unas 8.600 denuncias/casos, muchas de ellas erróneas, mal documentadas o directamente falsas. Por ejemplo, en sus listados aparecen personalidades como la Dra. Carmen Argibay, hoy miembro de la Corte Suprema de Justicia y, claramente, no «desaparecida»… Bien podemos entender por qué esta falacia se ha arraigado tan profundamente en el imaginario colectivo de nuestro Pueblo, toda vez que el propio presidente Néstor Kirchner no pierde oportunidad de mantenerla viva cuando con su usual vehemencia se refiere repetidamente a los «30.000 desaparecidos». Así lo hizo, por ejemplo, el pasado 25 de mayo en su discurso al país desde Plaza de Mayo. Cabe preguntarse cuáles serán las razones que tiene el presidente Kirchner para que, desde su alta investidura, personalmente propague y mantenga vivo el Mito de los 30.000 Desaparecidos, aún sabiendo que se trata de un dato sin sustento que sólo sirve interéses políticos y que se inserta dentro de una clara operación de guerra psicológica contra la Argentina y sus fuerzas armadas.
¿Porqué no se investiga la Deuda Externa del Régimen? – Resulta notable que las dirigencias políticas, mediáticas y académicas sólo hayan combatido al régimen cívico-militar por sus acciones en el plano de la así-llamada «lucha antisubversiva», llevando así a la virtual destrucción de nuestras Fuerzas Armadas, lo que incluyó importantes proyectos como los de autonomía en materia nuclear y aeroespacial. Si el virtual desarme unilateral de la República Argentina ante un mundo tremendamente peligroso conforma una de las mayores traiciones cometidas por esas dirigencias políticas, cabe resaltar sin embargo el atronador silencio que han guardado ante la destrucción económica iniciada por el régimen cívico-militar, cuyas consecuencias para el país han sido y so infinitamente más graves. Si la lucha antisubversiva costó miles de muertos, la destrucción económica iniciada por Martinez de Hoz y su equipo cobró cientos de miles, sino millones, de vidas argentinas destruídas anónimamente. La lucha antisubversiva de aquél régimen concluyó el 10 de diciembre de 1983, mientras que las políticas económicas de Martinez de Hoz se han mantenido, sin solución de continuidad, a través de los gobiernos «democráticos» de Alfonsin, Menem, De la Rúa, Duhalde y Kirchner. Esas políticas económicas tienen un único norte: garantizar que la Nación Argentina se mantenga permanentemente encadenada al Sistema de Deuda Usuraria, sabiendo que ese es el mejor instrumento de dominación sobre nuestro país. Los gobiernos «democráticos» siempre han estado subordinados a las estructuras de poder del Nuevo Orden Mundial, sea por debilidad (como en los casos de Alfonsin, De la Rua-Cavallo y Duhalde), sea por voluntad propia (gestión de Menem-Cavallo) o sea por cobardía (gestión Kirchner, con su flanco debil de los desaparecidos fondos de Santa Cruz que tranforma al presidente en un rehén de esas fuerzas mundiales). Ninguno de estos gobiernos se atrevió a tomar la única y fundamental medida que la Argentina viene necesitando desde hace un cuarto de siglo: la investigación a fondo la la deuda externa pública, aprovechando los multiples instrumentos jurídicos, políticos y económicos locales e internacionales a nuestro favor. Ello ha quedado profusamente comprobado en investigaciones realizadas por Alejandro Olmos, Héctor Giuliano, Mario Cafiero y por analistas internacionales de primer rango, según hemos publicado en nuestros boletines.
Kirchner, el mejor discípulo y heredero de Martinez de Hoz y Videla – La continuidad de las políticas iniciadas por Martinez de Hoz y sus dos grandes protectores David Rockefeller y el Gral. Jortge Videla, probablemente hayan tenido su punto culminante a principios de 2006 cuando el presidente Kirchner decidió pagar unilateralmente, sin quita alguna y en divisas, la totalidad de la supuesta deuda argentina con el Fondo Monetario Internacional de unos u$s 10.000.000.000. Así, mientras los ahorristas argentinos y otros inversores vieron sus acreencias confiscadas, forzosamente convertidas a pesos, y se les practicaron fuertes y arbitrarias quitas, Néstor Kirchner priorizó los intereses de la usura internacional, dejando «para otro día» resolver los graves problemas sociales que Argentina sigue teniendo, a pesar de que nos hayamos acostumbrado a convivir con ellos. Claramente, Néstor Kirchner resultó ser un excelente discípulo de Martinez de Hoz. El hecho de que Kirchner declarara explícitamente antes de las elecciones de 2003 que si llegaba al poder NO investigaría el orígen ilegítimo en el régimen cívico-militar de la deuda externa pública (ver su libro «Despues del derrumbe», publicado en abril 2003; capítulo 10), seguramente fue lo que le permitió recibir la «luz verde» de las estructuras de poder del Nuevo Orden Mundial para acceder a la presidencia
¿Se habrán rendido nuestras Fuerzas Armadas? – Hoy más que nunca la oficialidad en actividad de nuestras Fuerzas Armadas y de Seguridad debe tomar la iniciativa de informarse acerca de cómo funciona realmente el sistema de coloniaje que mantiene a la Nación Argentina postrada. Debe comprender cuáles son los graves peligros de fractura territorial y social que nos amenazan desde adentro y desde afuera. Debe comprender cuáles son las poderosas técnicas de guerra psicológica practicadas contra nuestro Pueblo y contra las propias fuerzas armadas, lo que, en este mundo altamente peligroso, les ha impedido cumplir con su rol fundamental de defensoras del Interés Nacional. Si nuestra oficialidad en actividad da ese necesario salto cualitativo, entonces podrá mejor comprender porqué se priorizó su destrucción, para lo cuál Alfonsin, Menem, de la Rua y Kirchner no son mas que voluntariosos agentes locales al servicio de potencias extranjeras y estructuras de poder supranacionales, que necesitan una Argentina debilitada para poder así lograr sus futuros planes imperiales en nuestra región. Nuestros oficiales y suboficiales deben comprender en forma activa y decidida lo que sus predecesores bajo el Régimen cívico-militar no supieron o no quisieron comprender: que ellos mismos cumplieron el lamentable rol de guardias pretorianas y verdaderos verdugos al servicio de intereses imperiales. Ello los llevó a cometer gravísimos desaciertos politicos, atropellos sociales, desvaríos militares y errores económicos entre 1976 y 1983. De manera que el lamentable Régimen cívico-militar preparó el camino para los tan o aún más lamentables regímenes «democráticos» de Alfonsín, Menem, De la Rúa, Duhalde y Kirchner. Juntos han conducido, y hoy conducen, el proceso que lleva a un único y previsible fin: la destrucción de la Nación Argentina. Quizás los gobernantes «democráticos» de hoy sean menos violentos que los militares en términos de armas, pero han resultado ser infinitamente más violentos en términos de la entrega y el despilfarro del patrimonio nacional, la destrucción de la educación y la salud pública, la devastación de las fuerzas productivas, y la desculturización planificada, a lo que debemos agregar su inaudita capacidad para robar y su desfachatez insolente para mentir.
En la Argentina se nos ha querido hacer creer que existe una profunda división entre civiles y militares. Eso es falso, como también es falso pretender que existe entre el Pueblo Argentino una división entre izquierdas y derechas.

En la Argentina la verdadera división la hallaremos entre Colaboracionistas entronizados en el Poder por un lado, y la creciente Resistencia por el otro que, aún hoy, sigue esperanzada en que algún día el Pueblo Argentino reconquistará su Soberanía Política, precondición indispensable para recuperar la necesaria Independencia Económica, sabiendo que recien cuando estas dos conquistas hayan sido consumadas, podremos siquiera empezar a soñar con la tan anhelada Justicia Social.

por Movimiento por la Segunda República Argentina – (MSRA)

Adrian Salbuchi

(Fundador)


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